Marie Langer. Psicoanálisis y Militancia

En 2008 edité mi primer libro, una biografía sobre Marie Langer, una de las fundadoras del psicoanálisis en la Argentina. La editorial fue Capital Intelectual y el libro formó parte de una colección titulada, justamente, fundadores de la psicología argentina.

Marie Langer tapa

Aquí va la introducción del libro, para el que le interese conocer más de ella:

Marie Lisbeth Glaus Hauser, más conocida como Marie Langer, fue una de las fundadoras, en diciembre de 1942, de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). Fue la única mujer y la más joven.

Cuatro años antes había tenido que huir de su Austria natal, recién invadida por Adolf Hitler. Después de un período de vida cuasi proletaria en Uruguay, en el que prácticamente se había olvidado de su formación psicoanalítica, se trasladó con su marido y sus cuatro hijos a Buenos Aires, donde un grupo de psicoanalistas estaba dando los pasos para armar una institución que fuese reconocida por la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA).

Marie Lisbeth Glas Hauser adoptó desde muy temprano el apellido de quien sería su tercer marido, Máximo Langer, y lo mantuvo aún después de que él muriera. Muchos la llamaban –y siguen llamándola– Mimi, aunque ella prefería el nombre que le había puesto su madre. Un nombre que fue elegido para tratar de evitarle las dificultades que, intuía su madre, le acarrearía ser parte de una familia judía. Sin embargo, esas dificultades –a pesar del nombre “insospechable”, como ella misma lo definía– existieron. Por judía no la dejaron entrar en los hospitales vieneses cuando se recibió de médica; por judía tuvo que hacerse, quizás sin otra opción, psicoanalista; por judía huyó de Europa hacia Sudamérica. A pesar de haber renunciado a su religión en plena adolescencia, siempre dijo de sí misma que tenía algunas “desventajas de origen”: ser mujer, judía y, más tarde agregaría, divorciada.

 

Desde muy chica empezó a contrariar los mandatos que le venían impuestos a una joven perteneciente a una familia burguesa de su tiempo: decidió que, a pesar de ser mujer, estudiaría. Después de varios enfrentamientos con su madre lo logró y se recibió de médica en 1935. Al poco tiempo comenzaría a militar en el Partido Comunista Austríaco, actividad que mantendría oculta dada la clandestinidad de la agrupación. Mientras tanto, con la frustración de no poder realizar ninguna especialización en un hospital porque no admitían a los judíos, había comenzado su formación como psicoanalista e ingresado, luego de entrevistarse con Ana Freud, en el Instituto de Psicoanálisis de Viena.

Cuando comenzó la guerra civil española Marie se fue con su pareja, el traumatólogo Máximo Langer, a colaborar en las brigadas internacionales y, poco después de que los nazis invadieran Austria, donde la joven pareja ya estaba de vuelta, escaparon hacia Sudamérica.

Desembarcaron en Uruguay y vivieron allí cuatro años en el pueblo Juan Lacaze. Mientras su marido trabajaba en una fábrica textil, ella cocinaba para otros inmigrantes con tal de ayudar en la economía familiar. Alejada del análisis, tuvo a dos de sus hijos: Tomás y Nicolás. Pero en 1942, con la mudanza a Buenos Aires, Marie recuperó su profesión y participó de la creación  de APA. Hay quienes dicen que tuvo poco que ver con esta fundación: que estuvo en el momento justo en el lugar indicado. Pero lo cierto es que su firma es una de las seis que figuran en el acta de fundación y eso la convirtió en una de las pioneras.

 

Durante casi 30 años se dedicó a la vida institucional sin hacer, públicamente, demasiados cuestionamientos a APA y su funcionamiento. Fue una de las primeras mujeres en la Argentina que se atrevió a abordar la psicología y la sexualidad femeninas, la maternidad y las cuestiones de género. También se interesó por la psicoterapia grupal, como una alternativa menos costosa del análisis. Respecto a su ideología, ella aseguraba que durante esos años (entre el ’42 y fines de los sesenta) tuvo que callarse muchas cosas por diversos motivos: porque no había podido revalidar su título de médica (con lo que su consultorio era semi clandestino), porque manifestar su ideología en un país como la Argentina, con sus vaivenes políticos y los gobiernos militares que se alternaban tranquilamente con los democráticos, era –al menos– peligroso.

Hubo –y hay todavía– quienes la admiran y quienes la critican. Sus seguidores elogiaban lo que ellos consideraban que fue jugarse por un ideal y rescataban la valentía de Langer para, finalmente, patear el tablero. En cambio, sus detractores cuestionaban el silencio que mantuvo todos los años en que estuvo en APA: la acusaban de oportunista, de que se acordó de su pasado de izquierda cuando las condiciones –y el mundo– giraban para ese lado y de que nunca hizo una autocrítica sobre los años en los que fue parte del establishment que luego puso en tela de juicio.

Lo cierto es que, a fines de los sesenta, sus inquietudes ideológicas se hicieron públicas, se juntó con el grupo de jóvenes que cuestionaba los requisitos impuestos desde APA para la formación psicoanalítica y, con ellos, pegó el portazo. El grupo que formaron, Plataforma, renunció formalmente a la Asociación en noviembre de 1971 y, a partir de allí, el giro público de Marie Langer hacia la izquierda no se detuvo. A tal punto, que en 1974 tuvo que volver a exiliarse, esta vez como consecuencia de las amenazas de la Triple A.

Ya en México colaboró con los otros exiliados latinoamericanos que llegaban expulsados de sus países en las tareas de denuncia, los atendió en su consultorio, los ayudó a reinsertarse, trabajó intensamente con el gobierno sandinista de Nicaragua e hizo sus aportes para que el psicoanálisis tuviera algo más de presencia en la Cuba revolucionaria.

En eso transcurrieron sus últimos años hasta que, enferma de cáncer, murió el 23 de diciembre de 1987 en Buenos Aires, donde decidió volver a vivir lo que le quedaba.

Admirada por muchos, cuestionada por otros tantos, lo cierto es que Marie Langer es considerada como una de las pioneras del psicoanálisis en la Argentina. Y en lo que la mayoría coincide es en que Marie Langer vivió una vida. Una vida digna de ser recordada.

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